La prevención empieza en la cuna. El acceso a las pantallas desde la infancia modela la responsibidad del cerebro a los estímulos. Los pediatras alertan del mal uso y abuso de diferentes pantallas, desde TV a tablet o teléfonos móviles con contenido aparentemente inofensivo como los dibujos animados. Se recomienda un máximo de dos horas ¡a la semana! Y que los menores no vean contenidos sin supervisión adulta y se deseche la práctica de utilizar las pantallas como “niñera virtual”.

Los padres no somos nativos digitales y tenemos dificultad en racionalizar y manejar el nuevo fenómeno de lo virtual y audiovisual.

La educación y concienciación de los padres sobre qué ayuda a los hijos y el entrenamiento en manejo de conductas y comunicación emocional es la primera prevención de la adicción a las pantallas.

La ciudad debe implicarse en esta prevención a gran escala, dotando a los niños y niñas como ciudadanos de espacios seguros donde realizar actividades alternativas en lugares  abiertos que fomenten la interacción entre chicos y chicas.

En los colegios se habría de hacer desde los 6 años prevención sobre el buen uso de las pantallas y los riesgos de acoso y abuso de la realidad virtual, además de potenciar la educación y habilidades de comunicación emocional en los niños y niñas.

¡La intervención en la adolescencia llega tarde!

El cerebro se configura desde la infancia siendo más emocional y motriz en las primeras etapas del desarrollo y no alcanzando el pleno desarrollo y funcionamiento racional hasta los 26 años. Los científicos presentan un acuerdo unánime en que las informaciones, impactos y modelos de los primeros años son las más relevantes para la regulación emocional y el desarrollo sano de ese cerebro.

Según datos de la investigación “Jóvenes en el mundo virtual: usos, prácticas y riesgos” Al menos dos de cada diez jóvenes de 14 a 24 años reconocen haber visitado en el último año webs de contenido duro y peligroso”

Estas prácticas de riesgo indican una mala estructuración de autoestima y autocuidado en las primeras etapas del desarrollo. La regulación emocional es uno de los difíciles hitos evolutivos a los que se enfrenta el ser humano en la infancia. La poca tolerancia a la frustración, la falta de empatía  con el prójimo, la dificultad de verbalizar emociones profundas, lleva a los adolescentes a no poder resolver sus estados emocionales y dificultades de crecimiento de forma sana.

Citando el mismo estudio: “Se trata de páginas sobre cómo autolesionarse (21%); cómo hacer daño a otras personas (23%) o cómo estar extremadamente delgado/a (28,6%), entre otras.”

Si a los adultos nos ha cogido desprevenidos la era virtual tendremos conductas pseudo adictivas, como consultar el teléfono, que es nuestra oficina en ocasiones o hilo de comunicación social y esto lo hacemos delante de los menores que no pueden todavía regularse de forma adecuada. Establecemos modelos de adicción. Tener la televisión continuamente encendida en la casa, tener continuamente en móvil en la mano. Relegar actividades de ocio al aire libre y sociales para encerrarnos con las pantallas, es un modelo muy deficitario para nuestros hijos e hijas.

·       “El 55,4% de los jóvenes asegura que miran el móvil constantemente, incluso en clase o trabajando (29,3%). Cada vez son más los que opinan que este tiempo que invierten en internet y redes sociales es excesivo.”

Los colegios empiezan ya a limitar el uso de dispositivos en el centro.

·        “El 34% afirma haber sufrido algún tipo de maltrato como insultos, amenazas, actos de exclusión o bromas desagradables, entre otros. El 9,2% de los y las jóvenes reconoce haber ejercido este tipo de maltrato.”

La facilidad para ocultar la identidad que impera en la red, la presión del grupo virtual o la facilidad con la que se puede dar rienda suelta al enfado sin control impunemente favorece conductas de abuso y acoso. Los jóvenes no las identifican como tales, pero la falta de respeto y sensibilidad, el insulto o menosprecio verbal, es una agresión emocional y psicológica frecuente en las redes.

·         “Como ventajas de su actividad virtual destacan hacer nuevos amigos/as (50,7%); relacionarse más con personas que están lejos (65,4%) o con sus amigos de siempre (47%); ser más eficientes o competentes (41%); o simplemente divertirse (31,8%).”

¿Dónde está el uso sano y donde el abuso?

Las nuevas tecnologías son beneficiosas si podemos manejarlas.  La ansiedad por consultar el whatsapp, el miedo a no tener amigos o seguidores virtuales o que hablen mal de mí,  Irritabilidad, cansancio, cambios de conducta, alteración del sueño, relegar actividades familiares, sociales o de ocio en ámbitos externos, fracaso académico… son algunos de los indicadores de abuso.

·         “La mayoría de los jóvenes (78,1%) acude a sus amigos cuando tiene dificultades para solucionar un problema en la red. Sólo tres de cada  diez se apoya en sus padres y cerca del 10% en sus profesores (10,1%)”

La importancia de generar una relación afectiva fluida en las primeras etapas de vida será la que puede revertir este fenómeno. Los padres no tienen por qué saber todo, pero son una base segura ante la angustia y el malestar o los problemas cuando esta relación ha sido bien construida.

“Cuatro de  cada diez jóvenes incluso considera que el uso de internet y redes sociales provoca que, en algún grado, aumente su autoestima, sobre todo lo señalan los hombres jóvenes.”

El riesgo de que la autoestima sea regulada por factores externo como el número de seguidores indica que esa es una capacidad mal establecida. Una seguridad ficticia. Es importante fomentar la estima de uno mismo por valores sólidos e internos con independencia de las redes.

Basar las relaciones sociales en valores externos, generalmente superficiales y dependientes de aprobación facilita personalidades vulnerables al abuso emocional y a la sumisión del grupo. La adolescencia es un momento en extremo vulnerable por la construcción de referentes en el grupo y necesidad de aprobación.

“Sin embargo, esta visión positiva de las redes sociales e internet no impide que perciban riesgos claros. De hecho el 70% de los y las jóvenes cree que los riesgos de acoso en internet y redes sociales son “bastante o muy frecuentes” o que sean víctima de situaciones graves como el maltrato –amenazas, insultos, bromas pesadas, etc.- que afirma haber sufrido el 34%.

Éstas son algunas de las principales conclusiones del estudio “Jóvenes en el mundo virtual: usos, prácticas y riesgos”, realizado por la Fundación Mapfre y el Centro Reina Sofía sobre Adolescencia y Juventud de la Fad. El estudio ha sido realizado mediante un panel online representativo de la juventud española, realizado a más 1.400 jóvenes entre 14 y 24 años, y cuatro grupos de discusión compuestos según variables de género, edad y clase social. En él se identifican los principales elementos que se relacionan con usos problemáticos de las TIC en la población joven.”

Los problemas que la red y las pantallas generan, se detectan cuando es demasiado tarde. A los diez años, ya vamos a poder ver estilos de dependencia en los niños y niñas.  Los síntomas de irritabilidad, aislamiento, desmotivación o bajo rendimiento escolar no se interpretan en ocasiones adecuadamente.

El uso de dispositivos o pantallas de forma habitual, favorece que el cerebro inmaduro reciba muchos estímulos en poco tiempo, se inunde.  Se habla de la multitarea como algo positivo, cuando as investigaciones están desvelando que favorece atención de menor calidad y duración a las tareas. Entonces los niños y las niñas cuando se enfrentan en su recorrido académico a mayores esfuerzos no pueden realizarlos porque no han desarrollado de forma adecuada la habilidad atencional. Esto lleva a un rechazo y a un "aburrimiento" defensivo.

El uso habitual y excesivo de pantallas merma la capacidad de procesar información con el lóbulo prefrontal, empeora las habilidades de integración de información cerebral y enlentece y dificulta procesos reflexivos, ya que el sistema está inundado de información de baja calidad que pasa de forma muy acelerada.

Los juegos de ordenador con frecuencia muy estimulantes para la corteza prefrontal, generan hiperactivación del sistema nervioso y desregulación emocional.

La mejor prevención es la que empieza por tanto en la cuna, con padres y madres formados en comunicación emocional sana y que puedan generar patrones de apego seguro. De esta manera, la probabilidad de que la autoestima de los hijos y las hijas esté asentada en valores internos y de que estos estén dotados de recursos y habilidades de regulación va a crecer exponencialmente. La escuela puede apoyar con la sensibilidad a formaciones adecuadas para prevención de adicciones y abusos y la ciudad necesita ser un espacio de vida y de socialización accesible y segura para nuestros chicos y chicas. Y la intervención psicológica  ha de realizarse ante los primeros indicadores e incluir a todo el núcleo familiar para generar patrones emocionales seguros y de protección.

Elisa Múgica, codirectora de Centro Vitae Psicología

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